A proposito de…Dublineses

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Vive y por eso filma…o filma y para eso vive (Santos Fontela)

“Americano de nacimiento, irlandés por adopción, mejicano por vocación y apátrida por temperamento” escribió de él C. Heredero, no en vano rodó en Méjico, Los Cayos de Florida, París, Italia, El Congo, el Océano, Japón, Viena, Munich, Irlanda, Canadá…quién da más? O. Welles dijo de él: “la obra de Huston no es tan interesante como su propia vida”. De ser eso cierto, debemos conformarnos con la primera mitad de la frase, la segunda ya no tiene solución. Perteneció a una mal llamada Generación perdida que incluía a autores tan dispares pero comprometidos con el mundo y el cine como: Rossen, Kazan, Brooks, Fleischer, Welles…Trabajó en el mundo del cine desde 1941 (“El halcón maltés”) a 1987 (“Dublinesses”), como director, guionista y también actor (quién no recuerda su trabajo en Chinatown? Resulta totalmente sorprendente que un hombre al que entusiasmaba la bebida, las mujeres, la caza del tigre, el boxeo y las carreras de caballos pudiera filmar un film tan sencillo, tan entrañablemente nostálgico, tan conmovedor como Dublinesses, película inspirada en una novela corta de Joyce, titulada “Los muertos”.

La obra de Huston como la de otros grandes del cine: Lang, Welman, Wilder…atraviesa la mayoría de géneros cinematográficos. En clave de western rodó dos obras atípicas dentro del género: “Los que no perdonan”, y “El juez de la horca”. Sin embargo, no debe olvidarse que sus primeros pasos los da dentro del cine negro: “El halcón maltés”, fiel adaptación del mundo de Hammett, a la que siguieron “La jungla del asfalto” con un final que pocos films superan, “Cayo Largo”… Por otra parte, su cine de aventuras es más que una acción trepidante y paisajes exóticos, ya que toda una filosofía de la vida se esconde detrás de cada film. Hizo de la aventura la razón de ser de sus personajes y en “El hombre que pudo reinar”, película de aventuras a la antigua usanza y sólo comparable a esa espléndida pieza de Lang formada por “El tigre de Esnapur” y “La tumba india”, la aventura ha dejado de ser un itinerario físico para convertirse en una trayectoria moral. Quiero, por último, destacar una obra casi desconocida para el gran público que me parece extraordinaria: “Fast city” ejemplo del mejor cine de desarraigados junto a “En un lugar solitario” de Ray o “El buscavidas” de Rossen, como desarraigados son también los personajes de otra de sus obras: “Vidas rebeldes”.

Dublinesses como he apuntado antes, es un libro de Joyce publicado en 1914 que contiene 15 relatos cortos que constituyen una representación realista de las clases media y baja irlandesas en el Dublín de primeros años del Diecinueve. Huston se inspiró en uno de ellos, “Los muertos”, cuya historia nos describe una fiesta celebrada en una casa dublinesa. Sin embargo el tema de fondo es la reflexión final sobre el amor y la muerte. El director, que la rodó en una silla de ruedas y con una máscara de oxígeno, ya no la vio estrenar.

Siempre es difícil y arriesgado adaptar obras de la literatura al cine. Pero cuando hablamos de un autor como Joyce,  la empresa es sólo para suicidas. Huston lo era y ya había adaptado otras emblemáticas y complejas obras “Moby Dick” de Melville, “Bajo el volcán” de M. Lowry. Al director y al novelista les separa un abismo. Cómo es posible entonces la fusión de estilos y vidas de autores tan distantes?. La obra de Huston es fiel al original y constituye una cuidada ilustración de una visión crepuscular de la sociedad irlandesa a la que el director no tiene necesidad de explicar, sino de mostrar. Tras una larga velada tras la que apenas sucede nada, se llega a la secuencia final en la que se descubre la tesis de la historia. Gretta y Gabriel llegan a un hotel y ella, a la que la tradicional canción “The lass of Aughrin” escuchada en casa de sus tías reaviva su recuerdo y su dolor confiesa a su marido el drama de su vida: la historia de un antiguo novio llamada Michael Furey que la cortejaba de joven cuando vivía en Gallway, y que, al partir a Dublín se despidió de ella bajo la nieve lo que le hizo enfermar muriendo a los pocos días. Gabriel comprende que siempre ha sido el sustituto de un muerto, un héroe del amor con el que jamás podrá competir. El muerto está más vivo que él, su peso en la memoria de su mujer es más real que el que él nunca podrá tener y mientras su mujer duerme Gabriel concluye: “mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión, que marchitarse consumido funestamente con la vida”. De pie, junto a la ventana concluye su monólogo: “cae la nieve. Cae sobre ese cementerio solitario donde Michael Furey yace enterrado. Cae lentamente a través del universo y levemente cae como el descenso de su propio fin: sobre los vivos y sobre los muertos.

Cierto crítico dijo: “el cine no debe confundirse con la vida, pero tiene que servir para ayudar a vivir a los que lo hacen y a los que lo ven”. Confieso que muchas películas de Huston me han ayudado a vivir. Unas porque me han hecho soñar: “El hombre que pudo reinar”; otras porque me han divertido: “La reina de África”; me han cautivado: “Moby Dick”; me han aproximado a los desarraigados: “Fast city”…y en definitiva me han hecho gozar. José L. Garci en su colección de artículos “Morir de cine” dice: “ R. Ellmann tiene un hermoso libro titulado: “Cuatro dublinesses” (Wilde, Joyce, Yeats y Beckett), tuvo que haberlo titulado “Cinco Dublineses”. Huston lo era de vocación, de aprendizaje y de pensamiento”. “Dublinesses”, la película, creo que da fe de ello.

 

                                                                                  Jaime Llabrés Carbonell

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