Montesión, esencial en la historia de la Compañía de Jesús

0 214

El Padre Manuel Revuelta SJ dedica unas páginas al Colegio Montesión en su último libro El restablecimiento de la Compañía de Jesús. Celebración del bicentenario.  Más concretamente, en el capítulo “Un recorrido por las casas y comunidades restablecidas”. A continuación podéis leer el extracto completo del epígrafe “Mallorca y su querido colegio de Montesión”.

 En el año 2011 celebró este colegio por todo lo alto los 450 años de su fundación, con el aliciente de ser el colegio de jesuitas más antiguo de España, es decir, el que ostenta, entre los colegios actuales, la fecha de fundación más temprana (1561) y el que ha mantenido, por tanto, la mayor duración temporal en la enseñanza dentro de sus muros primitivos. Entre los recordatorios más señalados de aquella conmemoración se destaca la obra de Bernardo Obrador, una publicación monumental en tres tomos, que rememora la historia completa del colegio, reproduce los documentos más significativos y los trabajos más meritorios sobre el mismo y prodiga abundantes y artísticas fotografías. Pocas ciudades se han identificado tanto con los jesuitas como Palma de Mallorca. El colegio de Montesión, unido a la presencia de san Alonso Rodríguez y san Pedro Claver, había dejado en Mallorca una profunda impronta religiosa, cultural y educativa. Se decía que, desde la expulsión de los jesuitas, la imagen de la Virgen que preside la entrada del colegio había cambiado sus manos juntas por unos brazos cruzados en señal de sentimiento. La divulgación de esos sucesos supuestamente milagrosos era la única manera de expresar un descontento que de otro modo estaba prohibido manifestar. Carlos III ordenó trasladar la Universidad Literaria de Palma al colegio e iglesia de Montesión. La Universidad ocupó parte del edificio, pues vendió otra parte (oratorio, patio, cocina y refectorio) a la Sociedad Económica y a otras personas.
Fueron varias y tempranas las solicitudes enviadas al rey desde Palma de Mallorca. La bula de  restablecimiento se propagó con alegría y motivó los memoriales del Ayuntamiento y el cabildo pidiendo al rey el retorno de la Compañía (septiembre de 1814). Después del decreto de mayo de 1815 el Ayuntamiento escribió directamente al vicario general de Roma el día de san Ignacio pidiendo ocho jesuitas y comprometiéndose a pagarles el viaje desde Civitavecchia. Parece que el Ayuntamiento consideraba suficiente el decreto del rey para ir preparando la devolución del colegio a los jesuitas. Las instituciones implicadas colaboraron sin dificultad. La Universidad Literaria se mostró dispuesta a desalojar Montesión y a instalarse en sus antiguas casas, convertidas en cuartel, que el coronel estaba también dispuesto a trasladar a donde le dijeran. A finales de 1815, el comisario Zúñiga respondía en nombre del P. Vicario desde Barcelona a los de Palma, dándoles las gracias y prometiendo atender a su petición en cuanto pudiera. La Junta de Restablecimiento resolvió pronto el asunto (mayo de 1816), ordenando la devolución de colegio e iglesia y aplicando las rentas que había disfrutado la Universidad, a las que debían añadirse las procedentes de los otros dos colegios mallorquines. El 6 de junio de 1816 se celebró la toma de posesión con toda solemnidad.
Representaba a la Compañía el rector, el P. Francisco Company Seguí, un mallorquín casi nonagenario, que había regresado a su tierra hacía unos años. Un mes más tarde llegaron los padres Baltasar Masdeu, con el título de profesor de Filosofía, y Diego Martínez, operario. No tardaría en llegar el H. Felipe Ramis, novicio coadjutor.
El día de san Ignacio, el sacerdote José Armengol predicó en Montesión un sermón muy emotivo. «Cuarenta y ocho años –decía el orador– nos hemos visto en la dura precisión de sofocar en el pecho las chispas de amor que forcejeaban por salir»; pero había llegado «la época feliz y afortunada» en que las dos autoridades supremas, el papa y el rey, habían dejado en libertad para explayar el corazón y prorrumpir en vivas y alabanzas.
Montesión fue de los primeros colegios organizados, y funcionó bastante bien a lo largo de cuatro años (1816-20). Los estudios se implantaron de manera gradual. En el curso 1816-17 continuó la escuela de primeras letras a cargo de un sacerdote secular, y el P. Masdeu enseñaba Filosofía. En el curso siguiente (1817-18) se abrió una clase de Gramática, y después una segunda (curso 1818-19). El informe describe así el estado de la enseñanza: «Un sacerdote regenta la cátedra de Filosofía con más de veinte y tres discípulos. Dos hermanos escolares las dos aulas de latinidad; el primero tiene más de treinta discípulos y el segundo más de cincuenta». Añadía que un sacerdote secular daba la clase de primeras letras a más de sesenta niños, a expensas del colegio. El último curso (1819-20), antes de la supresión, denota la estabilidad de los estudios, que se han completado con un personal renovado. La comunidad tenía 9 miembros. El nuevo rector, el P. Sancho, ha sustituido al difunto P. Company. Hay tres cursos de Gramática Ínfima, Gramática Suprema y Humanidades, impartidas por escolares jesuitas, y dos coadjutores han quedado al cargo de las primeras letras. Uno de estos hermanos era el famoso Gregorio Trigueros, entonces novicio, que vivirá 57 años en Mallorca en tiempos de dispersión, con fama de santidad.
Tres sacerdotes desplegaban con mucho fervor los trabajos pastorales. Asistían espiritualmente a los presidiarios, a los que daban pláticas y catecismo. Visitaban la cárcel y los hospitales. Daban ejercicios de san Ignacio por separado a hombres y mujeres y en algunos conventos. Y dirigían en la iglesia las congregaciones de la Buena Muerte y del Sagrado Corazón.
A pesar de la cordialidad con que fueron recibidos no faltaron, al principio, apuros económicos, que el mismo P. Company manifestaba en sus cartas al administrador de Temporalidades. Otro inconveniente fue la estrechez de espacio, que imponía limitaciones a la vida escolar.

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *