CRÓNICA DE NORBERTO ALCOVER (4-3-2.003)

 

"Montesión" recupera la fiesta de los AA. AA.

 

Tras una larga época de inactividad, la Asociación de AA. AA. del Colegio de Montesión ha recuperado su presencia ciudadana de manera tan llamativa como eficaz. Una Junta Rectora, presidida por Bernardo Obrador, piloto de aviones y de hombres, trabajó durante diez meses para reconstruir un tejido envejecido y casi agónico, hasta saltar de 60 socios a más de 600, reuniendo a representantes de los 6.500 alumnos y alumnas que estudiaron en el Colegio desde 1938, en que reanudó sus clases tras la Guerra Civil. El conjunto de actividades programadas para la festividad, en el clásico "jueves lardero" mallorquín, 27 febrero, resultaron un éxito de afluencia (más de 700 personas) y de organización. Parece, así, que comienza una nueva época en la historia de la Asociación.

 

        Un primer gesto de la Nueva Junta fue haber invitado a todos los jesuitas tanto de la provincia de Aragón, como de la Tarraconense, que habían sido profesores en el Colegio de Montesión. Después de ir recogiéndoles diligentemente en el aeropuerto, el preludio de las celebraciones de ese día fue una comida organizada para ellos en la Casa de EE. EE. de Son Bono. Nos reunimos 37 jesuitas más la Junta de AA. AA. Al final de la comida hubo unas palabras de saludo y bienvenida por parte del Presidente de la Junta, Bernardo Obrador, que repartió un diploma de socio de honor a todos ellos. José María Bernal S.J., como Viceprovincial en funciones, respondió en nombre de los jesuitas, dando la enhorabuena por el esfuerzo, y agradeciendo todos los numerosos detalles de este homenaje.

 

La celebración de la tarde comenzó con una Eucaristía presidida por Juan Andrés Llauger S.J., actual Superior de la Comunidad jesuítica y Consiliario de la Asociación de Antiguos Alumnos, y concelebrada por unos treinta sacerdotes: de la comunidad local, del clero diocesano mallorquín, y además del grupo de jesuitas que, durante largos años, han enseñado en el colegio, y que habían sido invitados con extremado cariño. Un reencuentro familiar y sorprendido por el paso del tiempo. Al final de la Eucaristía, el presidente de la Asociación leyó unas líneas sobre la tarea realizada, el sentido colegial del trabajo desarrollado, y la invitación a un "futuro que arranca de la memoria". Tanto las palabras de J.A. Llauger, como las de B. Obrador, insistieron en la concepción del P. Arrupe relativa a los AA. AA. de la Compañía: "ser hombres y mujeres para los demás", planteamiento lanzado desde el célebre Congreso de AA. AA. que se tuvo en Valencia en 1973.

 

A continuación, y ya en el claustro del colegio, se descubría un busto del personaje más carismático de la época celebrada y representante del conjunto de profesores a quienes se quería homenajear: el H. Sebastián Prades S.J., quien ha formado a 47 generaciones de alumnos a lo largo de una trayectoria modélica en todos los aspectos. Pasados al Salón de Actos, se proyectaba, en Power-Point, la historia de estos últimos 65 años de vida colegial, con la sorprendente aparición de cuatro vídeos protagonizados por Darío Mollá S.J., Provincial de Aragón y ausente en Santiago de Chile; el que fuera maestrillo, el catalán Ignasi Anzizu S.J., quien comentaba sus predisposiciones educativas cuando llegó al colegio con sólo 24 años; el P. Miguel Batllori S.J., imágenes captadas pocos días antes de su muerte; y, en fin, el propio P. Kolvenbach S.J., Superior General de la Compañía, enfatizando las palabras de Arrupe. Excelente trabajo, que, una vez realizado, resulta pedagógico para empresas parecidas en otros lugares.

 

Y por fin, el momento emocionante de entregar las correspondientes placas a los profesores, seglares y jesuitas, con más de 25 años de trabajo en el colegio: sobre el escenario, se aplaudió a varias generaciones de hombres y de mujeres que formaron a esos casi 6.500 chicos y chicas educados en Montesión. Grandes aplausos de un público agradecido que, como consumación, y sirviéndose de la proyección de la letra del himno del colegio, lo cantó con entusiasmo y desde una fraternidad que se palpaba. Después, pastas mallorquinas, abrazos de reencuentro, miradas desconcertadas, recuerdos felices, y tantas cosas más.

 

A los organizadores, admiración y gratitud por haber conseguido una movilización ciudadana inusual en el ambiente pausado de una sociedad siempre calma. A los miembros de la Comunidad de Montesión, con Juan Andrés Llauger al frente, aplausos por su espíritu de servicialidad con cuantos jesuitas nos reunimos. A Darío Mollá, gracias porque, desde el comienzo, apoyó la iniciativa con fervor. Y no menor gratitud al P. Kolvenbach por sus palabras, que emocionaron y alentaron a todos.

 

Una época diferente ha empezado para la Asociación de AA. AA. del Colegio de Nuestra Señora de Montesión: es tarea de todos permanecer en el empeño, en beneficio, como se dijo, de la sociedad mallorquina, sin perder la perspectiva mundial. Porque esa tarde/noche, el claustro secular acogía a hombres y mujeres de todas las edades, de cualquier condición social, de diferentes opciones políticas, seguramente de complementarias actitudes religiosas, pero todos y todas aunados por un mismo ideal: ser coherentes con los valores recibidos en Montesión. Un grupo así puede ser factor de positivo cambio en Palma de Mallorca y en la entera Isla.