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CRÓNICA DE
NORBERTO ALCOVER (4-3-2.003) "Montesión" recupera la fiesta
de los AA. AA. Tras
una larga época de inactividad, la Asociación de AA. AA. del Colegio de
Montesión ha recuperado su presencia ciudadana de manera tan llamativa como
eficaz. Una Junta Rectora, presidida por Bernardo Obrador,
piloto de aviones y de hombres, trabajó durante diez meses para reconstruir un
tejido envejecido y casi agónico, hasta saltar de 60 socios a más de 600,
reuniendo a representantes de los 6.500 alumnos y alumnas que estudiaron en el
Colegio desde 1938, en que reanudó sus clases tras Un primer gesto
de La celebración de la tarde comenzó
con una Eucaristía presidida por Juan Andrés Llauger S.J.,
actual Superior de la Comunidad jesuítica y Consiliario de la Asociación de
Antiguos Alumnos, y concelebrada por unos treinta sacerdotes: de la comunidad
local, del clero diocesano mallorquín, y además del grupo de jesuitas que,
durante largos años, han enseñado en el colegio, y que habían sido invitados
con extremado cariño. Un reencuentro familiar y sorprendido por el paso del
tiempo. Al final de la Eucaristía, el presidente de la Asociación leyó unas
líneas sobre la tarea realizada, el sentido colegial del trabajo desarrollado,
y la invitación a un "futuro que arranca de la memoria". Tanto las
palabras de J.A. Llauger, como las de B. Obrador,
insistieron en la concepción del P. Arrupe relativa a
los AA. AA. de la Compañía: "ser hombres y mujeres para los demás",
planteamiento lanzado desde el célebre Congreso de AA. AA. que se tuvo en
Valencia en 1973. A continuación, y ya en el
claustro del colegio, se descubría un busto del personaje más carismático de la
época celebrada y representante del conjunto de profesores a quienes se quería
homenajear: el H. Sebastián Prades S.J., quien ha formado a 47 generaciones de alumnos a
lo largo de una trayectoria modélica en todos los aspectos. Pasados al Salón de
Actos, se proyectaba, en Power-Point,
la historia de estos últimos 65 años de vida colegial, con la sorprendente
aparición de cuatro vídeos protagonizados por Darío Mollá S.J., Provincial de Aragón y ausente en Santiago de
Chile; el que fuera maestrillo, el catalán Ignasi
Anzizu S.J., quien
comentaba sus predisposiciones educativas cuando llegó al colegio con sólo 24
años; el P. Miguel Batllori S.J.,
imágenes captadas pocos días antes de su muerte; y, en fin, el propio P. Kolvenbach S.J., Superior
General de la Compañía, enfatizando las palabras de Arrupe.
Excelente trabajo, que, una vez realizado, resulta pedagógico para empresas
parecidas en otros lugares. Y por fin, el momento emocionante
de entregar las correspondientes placas a los profesores, seglares y jesuitas,
con más de 25 años de trabajo en el colegio: sobre el escenario, se aplaudió a
varias generaciones de hombres y de mujeres que formaron a esos casi 6.500
chicos y chicas educados en Montesión. Grandes aplausos de un público
agradecido que, como consumación, y sirviéndose de la proyección de la letra
del himno del colegio, lo cantó con entusiasmo y desde una fraternidad que se
palpaba. Después, pastas mallorquinas, abrazos de reencuentro, miradas
desconcertadas, recuerdos felices, y tantas cosas más. A los organizadores, admiración y
gratitud por haber conseguido una movilización ciudadana inusual en el ambiente
pausado de una sociedad siempre calma. A los miembros de la Comunidad de
Montesión, con Juan Andrés Llauger al frente, aplausos por su espíritu de servicialidad con cuantos jesuitas nos reunimos. A Darío
Mollá, gracias porque, desde el comienzo, apoyó la iniciativa con fervor. Y no
menor gratitud al P. Kolvenbach por sus palabras, que
emocionaron y alentaron a todos. Una
época diferente ha empezado para la Asociación de AA. AA. del Colegio de
Nuestra Señora de Montesión: es tarea de todos permanecer en el empeño, en
beneficio, como se dijo, de la sociedad mallorquina, sin perder la perspectiva
mundial. Porque esa tarde/noche, el claustro secular acogía a hombres y mujeres
de todas las edades, de cualquier condición social, de diferentes opciones
políticas, seguramente de complementarias actitudes religiosas, pero todos y
todas aunados por un mismo ideal: ser coherentes con los valores recibidos en
Montesión. Un grupo así puede ser factor de positivo cambio en Palma de
Mallorca y en |