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HOMILÍA DEL P. JUAN ANDRÉS LLAUGER BARCELÓ S.I., ANTIGUO ALUMNO DEL COLEGIO - PROMOCIÓN 1.956
(19-02-2.004) El Padre Kolvenbach, en el mensaje que nos envió grabado, tal día
como hoy, el año pasado, nos decía, inspirándose en un pensamiento del Padre Arrupe, "vuestra educación jesuita ha tenido como objetivo
fundamental llegar a ser hombres y mujeres para los demás". ¿Qué quiso decirnos
en su día el Padre Arrupe con eso de "ser hombres y
mujeres para los demás"? Acudamos a
la expresión que usó el Padre Arrupe: Nuestra meta y
objetivo educativo es formar hombres [y mujeres] que no vivan para sí, sino
para Dios y por su Cristo, por Aquel que por nosotros murió y resucitó; hombres
[y mujeres] para los demás, es decir, que no conciban el amor a Dios sin el amor
al hombre, un amor eficaz que tiene como primer postulado la justicia y que es
la única garantía de que nuestro amor a Dios no es una farsa o incluso un
ropaje que oculte nuestro egoísmo. Aunque al
formularlo así el Padre Arrupe no se hace ningunas
ilusiones. Frente a esta tarea educativa de formar hombres [y mujeres] que
vivan eficazmente para los demás se alzan tremendos obstáculos. Una preocupación
específicamente formulada aquí mismo el año pasado, por el Presidente de la
Asociación de AA. AA., era la de poder acoger y contar con el invalorable
aporte de las generaciones más jóvenes de Montesión. Nos consta que la
Asociación no ha escatimado esfuerzos para ello. La presencia de muchos de
entre vosotras y vosotros, en especial la de una digna representación de la
Promoción El encuentro
de hoy responde ya a este deseo de contar con gentes jóvenes en la Asociación y
en su Junta, y ello no tanto por el crecimiento de la misma, sino sobretodo
para aunar juventud y experiencia en un solo y mismo colectivo, sueño constante
expresado por nuestro célebre humanista Miquel Costa i Llobera:
""Seny i bellesa agermaná voldría"". Estoy de
acuerdo con ustedes -continúa diciéndonos el Padre Arrupe-
sobre la necesidad de que la voz de la juventud, su modo de ver, su dinamismo y
sus aspiraciones, encuentren una expresión adecuada en las Asociaciones de
Antiguos Alumnos. Y es
entonces cuando el Padre Arrupe se hace esta pregunta
candente, que muchos os habréis
formulado a lo largo de vuestro ejercicio profesional. ¿Os hemos educado
para la justicia?. A la cual
responde, luego de haber definido la justicia en términos acordes con los
requerimientos de los más desheredados de entre nuestros contemporáneos: No os
hemos educado para la justicia. Añadiendo
acto seguido: puedo pediros también a vosotros la humildad de responder
igualmente que no. Dicho lo
cual, traza, apoyándose en una grandísima confianza por la enseñanza
transmitida, un camino para poder suplir hoy ese déficit de ayer: Creo que la
Compañía -dice el Padre Arrupe- os ha transmitido
algo que constituye la esencia del espíritu ignaciano y que nos capacita para
renovarnos constantemente: un espíritu de búsqueda continua
de la voluntad de Dios. Búsqueda que
la define como: una agudizada sensibilidad espiritual para captar los matices
con que Dios quiere que el cristianismo se viva en las diversas etapas de la
historia. Pero ¿qué
significa, en el terreno práctico, esa "agudizada sensibilidad espiritual"? Si
nos fijamos en la inmigración, por referirnos a algo que nos interpela
fuertemente en nuestro medio, deberemos comprenderla, no como un nuevo mercado
social, sino desde el co-desarrollo, directamente como
opción para la justicia. En los
encuentros en los que el año pasado nos hemos preguntado sobre la relación
entre la Asociación y el Colegio, nos pareció iluminadora la propuesta del
Padre Arrupe: Las relaciones concretas entre las
Asociaciones y Colegios se tendrán que definir, en cada región o país, mediante
un proceso de discernimiento y diálogo y con la participación de las partes
interesadas. Discernimiento
y diálogo, dos tareas ineludibles si de veras se quería dar respuesta,
superados los obstáculos, a un justo y
noble anhelo. Nuestro
trabajo de promoción de la justicia, con sus dos vertientes, hacia adentro y
hacia afuera, tenía que salir airosa y triunfante de la coyuntura histórica que
nos tocaba vivir. Como ex-alumnos de jesuitas sin duda lo teníamos bastante
claro. Pero también nos correspondía afrontarlo valerosamente como ex-alumnos
de este particular Colegio de Montesión. Para
mencionar un momento fuerte de este trabajo, hemos visto el año pasado en el
Colegio y en la Comunidad de Jesuitas de Montesión, por iniciativa de la
Asociación de Antiguos Alumnos, saldarse una deuda de reconocimiento a un
sinnúmero de Profesores actuales y antiguos, jesuitas y seglares, en activo y
jubilados, vivos y muertos, quienes recibieron un digno homenaje, gracias al
reconocimiento de quienes por haber sido un día sus alumnos consideraron lo
mucho que les deben de cuanto ahora son.
El Centro al cual todos estos profesores están o han estado un día encardinados
tiene que estar orgulloso de cuantos hicieron posible el histórico encuentro
del 2003. Gracias a la Asociación de Antiguos Alumnos y a su Junta Directiva
fue posible afrontar aquel déficit, poner todo el empeño en colmarlo y llevarlo
a cabo con igual acierto que acogida. Una
proyección hacia afuera de la Asociación, traducida en un servicio concreto
hacia los más pobres, irá hermanándose cada vez más con un eficaz y productivo discernimiento dialogante
en el interior de nuestro entrañable Colegio. Quedarían sólo por fijar los
tiempos de un proceso que hoy por hoy se
nos muestra ya, afortunadamente, como irreversible. En este
momento cabe formularnos una pregunta concreta: ¿cómo podremos aprovechar ese
"espíritu de búsqueda continua", según el que fuimos educados, para hacer
frente a tan dura constatación "no os hemos educado para la justicia"? La respuesta
más adecuada la descubrimos a través de Las
Asociaciones de Antiguos Alumnos están hoy llamadas a ser un cauce privilegiado
de Formación Permanente [...] hablar de Formación Permanente en el cristiano es hablar de conversión
continua y ello hoy, en concreto, es hablar de formación para la justicia. ¿No es esa
acaso nuestra asignatura pendiente, que en su día no cursamos, para que podamos
completar ahora nuestro currículo de
vida? A lo largo
de los últimos 18 años, el Padre Kolvenbach ha ido
reflexionando y escribiendo acerca de todas las diversas etapas de la formación
de un jesuita, cuyo contenido, en su tanto, es válido también para todos
cuantos han participado en una educación jesuita. No nos debe sorprender, que
el último de los capítulos verse sobre Manifestando
de nuevo una sintonía con el pensamiento del Padre Arrupe,
nos dice a este propósito el Padre Kolvenbach: La vida
humana es por su propia naturaleza continuidad y cambio, y cuando estos se conjugan
armoniosamente garantizan la maduración y el desarrollo de Honesta y
humildemente, siguiendo tal línea de pensamiento, cabe mencionar un hecho
indiscutible: que la formación que en su día hemos recibido en este Colegio
-reflexión que más adelante también os replantearéis quienes conformáis la
Promoción 2004- llevaba en sí misma contenidos los gérmenes de su propia
curación y recuperación. En efecto,
hemos visto en los últimos meses, gracias sobretodo a la amplitud de miras de
unos cuantos de entre vosotros, iniciarse este espléndido prodigio de
regeneración, del que todos vosotros y vosotras sois, a la vez que la prueba
sus testigos privilegiados. Nuestro deseo, "para los que más se querrán
afectar", al mejor estilo de Ignacio de Loyola, como un Alonso Rodríguez o un Pedro Claver, en esa misma casa que nos acoge, y tantos otros
hicieron; a la vez que nuestro compromiso, es que esta regeneración siga ahora
su proceso hasta alcanzar, vencido todo obstáculo, su plena madurez. Esa es la
gracia que del Señor Jesús y por intercesión de su Madre, Nuestra Señora de
Monte-Sión, pedimos y suplicamos poder ver con
nuestros propios ojos. De una
manera especial deseamos ofrendar esta Eucaristía por todos nuestros difuntos
de este año, a comenzar por Don Teodoro Úbeda, y siguiendo por todos los demás
fallecidos en este curso. Sin duda,
solo recordar agradecidos cuanto somos,
fruto de lo que fuimos en esta casa, constituye ya un cumplido homenaje a
nuestros mayores y a quienes nos han precedido en la señal de |