MONTESIÓN Y LA ARTILLERÍA

APUNTES PARA SUS HISTORIAS

Cayetano Miró Valls
Antiguo Alumno de Montesión.  Promoción de 1.961
Artillero. 257 Promoción del Real Colegio

Era el 29 de marzo de 1767 cuando llegó a Mallorca la instrucción ordenando la expulsión de los padres jesuitas del colegio de Montesion -fundado en 1561, gracias a la intervención del P. Jerónimo Nadal Morey (1507-1580), mallorquín compañero de San Ignacio- del colegio de  San Martín -sito en la calle de San Cayetano y fundado en 1647- y de “Montesión” ubicado en Pollensa desde 1688. Los jesuitas abandonaron el colegio -a los 170 años de finalizada su construcción- y la isla rumbo a Civitavechia.

El abandono de Montesión fue consecuencia del triunfo del que podríamos llamar “frente antijesuítico” -formado por regalistas, ilustrados y algunas órdenes religiosas (cada grupo con distintos motivos) que hizo recaer las culpas en la Compañía de Jesús de la revuelta popular del Domingo de Ramos de 1766, conocida como “Motín de Esquilache”. La Compañía fue expulsada de España y América en 1767, quedando suprimida por la Santa Sede -Breve de 21 de julio de 1773 del Papa Clemente XIV-  al socaire de una campaña organizada por los gobiernos de España, Francia e Italia.

Habían transcurrido cuarenta y un años y grandes y graves acontecimientos en España y Europa, cuando el 1 de diciembre de 1808, al aproximarse a Segovia una columna del ejército francés, el Real Colegio de Artillería -ubicado en el Alcázar de aquella cuidad y que había comenzado a funcionar como tal el 16 de mayo de 1764-  recibió la orden de trasladarse a Sevilla, donde reanudó su actividad y permaneció hasta el 30 de enero de 1810 cuando, próximo el francés a ocupar Sevilla, se disolvió.

El 13 de Marzo el Brigadier D. Juan de Arriada, Director General Interino del Real Cuerpo de Artillería, propuso restablecer el Colegio en la Islas Baleares, ordenando el Consejo de Regencia -mediante Decreto de 24 de marzo de 1810- que se restableciera el Real Colegio en Menorca, considerando que la isla estaba suficientemente protegida y se ordenó al Gobernador de aquella isla buscara un edifico apropiado, resultando elegido el cuartel de Calacorp, situado en Villacarlos.

El 31 de octubre atracaba en puerto de Palma de Mallorca la fragata LUCIA en la que embarcó en Cádiz el núcleo del restablecido Colegio, compuesto por profesores y veintitrés cadetes. Siguiendo la norma, guardaron cuarentena de doce días, en cuyo tiempo se tuvo noticia de una epidemia de viruela en la isla de Menorca, por lo cual, obtenido permiso del Capitán General, desembaron y se alojaron en el que había sido el convento-colegio de los padres jesuitas -Montesión- al que posteriormente se incorporó una segunda expedición compuesta por cirujano, maestro de armas y trece cadetes- hasta que, el 16 de enero de 1811, embarcaron todos rumbo a Mahón en un buque propiedad particular fletado por la Real Hacienda.

Quedó instalado el Colegio en Villacarlos el 29 de enero de 1811, bajo la dirección del Teniente Coronel D. Joseph Bergara y el día 4 de febrero comenzaron las clases siendo muchas las dificultades motivadas por el mal estado de aquel edificio y por la dificultad de provisión de subsistencias.

Vista la precaria situación y atendiendo a lo solicitado por el Ayuntamiento de Palma y por la Comandancia del 5º Departamento de Artillería -el de Segovia que se había establecido en las Baleares por Real Orden de 24 de noviembre de 1810- el Consejo de Regencia dispuso el 6 de febrero de 1811 que el Colegio se trasladara a Palma de Mallorca, nombrando Director del mismo al Coronel D. Joaquín Ruiz de Porres, que ejercía el cargo de Director de una fábrica de municiones y artillería que se estaba instalando en La Lonja y edificios inmediatos para abastecer al los Ejércitos de Operaciones.

Ayuntamiento y Comandancia decidieron que el Colegio se alojara en el edificio de Montesión, ocupado a la sazón por la Biblioteca de la Universidad y la Sociedad Económica de Amigos del País, y en el próximo Seminario, trasladando Biblioteca y Seminario al convento de San Francisco y la Sociedad Económica al de Santo Domingo. En agosto de 1812 estaban acabadas las obras de acondicionamiento y ampliación. Entre tanto, el 12 de junio de 1811 había llegado a Palma, a bordo de la fragata LA PRUEBA, una segunda expedición colectiva del Colegio, integrada por un Teniente Coronel y quince cadetes que quedaron alojados en un local del Cuartel Nuevo, inmediato a La Lonja.

A bordo de la fragata inglesa BRUNNET, el 5 de septiembre de 1812 llegaba el Colegio procedente de Menorca, con cuarenta y cuatro alumnos y cuatro profesores, comenzando las clases en Montesión el día 25, tras ocho días de obligado lazareto y algunos más para organización del Colegio.

Por iniciativa del Director General de Artillería, Mariscal D. Martín García y Loygorry, se llevaron a Montesión eminentes profesores civiles de matemáticas y química, a cuyas clases podían asistir civiles de la ciudad. Llegaron a Palma la mayor parte de los libros de la biblioteca del Colegio en Segovia. Como nota curiosa cabe decir que el Consejo de Regencia aprobó el 3 de noviembre de 1813 el establecimiento de una Escuela de Natación, que se había puesto en funcionamiento en agosto, siendo uno de los primeros centros docentes que contaron con tal práctica deportiva.

Por Real Orden de 15 de junio de 1814, finalizada la guerra, se dispuso que una vez acabado el curso por la promoción de oficiales que por entonces iba a concluir los estudios, el Real Colegio se reintegrara a Segovia. El 25 de julio finalizó el curso la quinta promoción de Montesión (entonces estaba permitido adelantar cursos) y profesores y sesenta alumnos que debían continuar sus estudios en Segovia abandonaron la isla el 13 de octubre en la fragata SABINA que atracó en Alicante el 19 del mismo mes.

El Real Colegio de Artillería durante los dos años de permanencia entre los muros del colegio de Montesión vivió una excelente época. Se completaron las plazas figurando hijos de las más distinguidas familias de la isla y de la península, entre ellos D. Francisco Elorza Aguirre, que fue Mariscal de Campo y fundador de la fábrica de armas de Trubia, actualmente en funcionamiento como una de las fábricas de la empresa Santa Bárbara. Un total de cuarenta y siete subtenientes se graduaron en Montesión.

    Este período fue el segundo de los que el centro de formación de los artilleros españoles mantuvo relación con la Compañía. Éste lo fue con una de sus sedes, el Colegio de Montesión, el anterior, con sus personas.

El 2 de agosto de 1761 Carlos III nombró al Conde de Gazola Teniente General de los Reales Ejércitos y posteriormente Inspector General de Artillería, siendo impulsor del Reglamento de Nuevo Pie en el que S.M. manda que se establezca el Real Cuerpo de Artillería, uno de cuyos efectos fue la creación de una Compañía de Caballeros Cadetes en Segovia.

    Era 6 de agosto de 1763 cuando el Teniente General de los Ejércitos Reales, Conde de Gazola, nombrado Director del Real Colegio, propone al Secretario de Despacho de Estado y de la Guerra, Ricardo Wall:

“…me parece haber encontrado en la persona del Padre Antonio Ximeno, de la Compañía de Jesús al hombre no solo capaz sino muy prudente y sin pasión por ninguno de los que componen, para que debiendo tratar siempre con los Cadetes y Oficiales pueda inspirarles máximas de buena conducta y honor, que presentemente se encuentra en Valencia…”

Y por Real Orden de 7 de octubre de 1763 se nombra Profesor Primario (Jefe de Estudios) del Real Colegio de Artillería al P. Antonio Ximeno S.J.

El P. Ximeno nacido en Valencia el 26 de abril de 1729, ingresó en la Compañía de Jesús el día 15 de octubre de 1754. Fue profesor de retórica y de poesía en el Seminario de Nobles de San Ignacio de Valencia, profesor de matemáticas y Profesor Primario en el Colegio de Artillería, revolucionario de la música, cervantista, comentarista político y renombrado astrónomo. Murió en Roma el día 9 de Julio de 1808, cuando seguía, a través de las noticias que le llegaban de España, el glorioso proceder en la Guerra de la Independencia de aquéllos que en otro tiempo fueron sus queridos alumnos.

El Discurso Inaugural del Real Colegio, el 16 de mayo de 1764, corrió a cargo del P. Ximenoy versó sobre el tema ORACIÓN SOBRE LA NECESIDAD DE LA TEORÍA PARA DESEMPEÑAR EN LA PRÁCTICA EL SERVICIO DE SU MAJESTAD. Y decía:

“El fin que se ha propuesto nuestro Augusto y Católico Monarca Carlos III, en la ocasión de esta noble Compañía, es fundar un colegio de héroes, llamando a la juventud noble y patricia al trabajo del estudio, a la fatiga de la campaña y a la virtud de la subordinación, para aleccionarla profundamente en el triste deber de obedecer pronto y alegremente, de mirar la muerte con ojos enjutos y de animar las acciones con espíritu de honor. Con estas cualidades se forman y divinizan los héroes y a este destino es al que sois llamados”.

No fue el único jesuita íntimamente relacionado con la formación de los artilleros. Así, el “Director del Espíritu” ( Capellán) elegido para el recién fundado Colegio fue el P. Isidoro Cervantes S.J. y el padre jesuita Tomás Cerdá, matemático, profesor del Colegio de Nobles de Barcelona, fue el autor de LECCIONES DE ARTILLERÍA, impresa en 1764 con motivo de la apertura del Colegio de Segovia.

 Según concluyen algunos historiadores de la Artillería, tal vez pueda encontrarse en el origen del espíritu del Real Colegio y, en consecuencia, del Cuerpo de Artillería alguna faceta del que siempre caracterizó a la Compañía de Jesús, especialmente la unión, el afán de perfección y el sacrificio del bien individual por el colectivo. Y de forma muy explícita, el historiador de la Artillería D. Jorge Vigón, en su obra UN PERSONAJE ESPAÑOL DEL SIGLO XIX: EL CUERPO DE ARTILLERÍA afirma: “…Como también me ha parecido a veces captar entre los repliegues de la psicología colectiva (artillera) algunos toques que recuerdan al pretérito ignaciano.”

Algunas similitudes, de las simplemente anecdóticas, pueden resultarnos familiares a nosotros, los antiguos alumnos de Montesión: las Secciones de la Compañías del Real Colegio en vez de Escuadras, denominación de la época, eran Brigadas y los alumnos distinguidos no eran Sargentos Galonistas sino Brigadieres y Subrigadieres, denominaciones provenientes de los Seminarios de Nobles dirigidos por los P. Jesuitas, al igual que la distribución de horarios tenía semejante arreglo.

Y si el entorno influye en las personas,  bien pueden éstas influir en aquél. Y si esto fuera así, me atrevo a decir que también entre los muros del colegio de Montesión, algo de espíritu ignaciano habría quedado y algo influyó en las formas artilleras de aquéllos que durante dos años del complejo siglo XIX se formaron en él.
Por último, cabe recordar que Iñigo López de Recalde, gentilhombre al servicio del Virrey de Navarra Antonio Manrique de Lara, herido siendo Capitán en el sitio de Pamplona de 1521, impregnó ciertas formas de la Orden que funda del espíritu castrense. Así, Iñigo de Loyola, San Ignacio, la denomina Compañía, considerándola como una milicia religiosa; establece que a su máxima jerarquía se la conocerá por el nombre de General de la Compañía; puesta directamente bajo la autoridad del Papa fue tropa de choque en la contrareforma y recordando, por último que en el Himno de San Ignacio “… se alzan los lábaros en la batalla campal”. Todo ello a la Mayor Gloria de Dios y bien de las almas.

 

Entrando en el claustro del colegio, a mano derecha, podéis encontrar una lápida, colocada por los artilleros mallorquines, que recuerda la estancia en Montesión del Real Colegio de Artillería.

 

ANTIGUOS ALUMNOS ARTILLEROS

 

Dezcallar Alomar, Luis. Promoción 1.943.

Oliver Barceló, José. Promoción 1954 enero.

Llabrés Salvá, Jaime. Promoción 1.960.

Miró Valls, Cayetano. Promoción 1.961

Anguera Payeras, Gabriel. Promoción 1.962.

Le-Senne Blanes, Rafael. Promoción 1.962.

Ramis de Ayreflor Cardell, José. Promoción 1.963.

Miró Bujosa, Antonio Jesús. Promoción 1.990.